martes 13 de diciembre de 2011

Isabel

Existe en aquel espacio de certidumbres
de hombres destinados a ser
silla, pupitre, estante pedestre
de destinos manifiestos
de polos derretidos bebidos alegremente
de lágrimas santas
y templos armados de somníferos.

Existe.
En el mundo de los sentidos aparentes
están sus pies desconocidos
sus caderas vacilantes
su voz sorpresiva
su imaginado cuerpo bañado de luna
ella es prueba de mi ausencia material
en una extraña dimensión de muebles parlantes.

-Luis Calvo Rodríguez, del poemario "Promesas sin cerrojos", Primera Mención de Honor Concurso León A. Soto 2011.

lunes 5 de diciembre de 2011

El Príncipe en Panamá.

Mi propósito es presentar las cosas como son en realidad y no como las cree el vulgo. Hay quienes ven en su imaginación repúblicas y principados como jamás existieron en la realidad”. En estos términos Nicolás Maquiavelo busca justificar el porqué de la cruda dureza de su libro cumbre, “El Príncipe”, un texto estigmatizado por aquellos estudiosos de la política y la filosofía oficial, que encontraron y encuentran en sus postulados, una verdad incomoda respecto a cómo realmente funcionan los Estados.

Maquiavelo (1469-1527), quien fuese Secretario de la República Florentina en Italia, dirige y dedica su obra a Lorenzo de Médicis, por entonces gobernante de Florencia, por lo tanto, “El Príncipe”, no es una obra dirigida al público en general, sino que se trata de un libro de consejos de cómo un político debe conquistar y conservar el poder.

Aunque Maquiavelo ha muerto hace casi cinco siglos, podemos afirmar sin ninguna duda, que el autor en cuestión es un clásico de las Ciencias Políticas, pues muchas de sus afirmaciones pueden ser confrontadas con realidades contemporáneas. Veamos dos ejemplos.

Siempre me he preguntado cómo es posible que un presidente, al final de su período, después de haber ejecutado una serie de medidas antipopulares, de haber burlado muchas de las promesas de campaña, termina con altos índices de popularidad, fenómeno que ha ocurrido con la mayoría de los Jefes de Estado panameños, desde la dictadura militar a la actualidad. Al respecto, Maquiavelo aconseja lo siguiente a los gobernantes: “… los príncipes deben dejar a cargo de otro la imposición de obligaciones, cargas y castigos, reservándose la concesión de gracias y mercedes”.

Como he afirmado anteriormente, esta es una fórmula aplicada consuetudinariamente por tiranos o por presidentes electos “democráticamente”, podemos ver como el principal líder de la dictadura militar panameña pasa a la historia como un prócer y los muchos crímenes cometidos bajo su mando, son atribuidos a subordinados despistados o con mucha iniciativa, dejando todo lo “bueno” de la dictadura a la imagen del príncipe del momento. O en los últimos tiempos, cuando un mandatario comete una arbitrariedad contra sus electores, el susurro mayoritario de los medios es afirmar, “debe ser que está mal asesorado”, prodigando las bondades al mandatario y las maldad a la torpeza de sus asesores.

¿Cómo es posible que los pueblos elijan consecutivamente una y otra vez a representantes de una clase social que tiene intereses contrarios a los suyos? ¿Cómo es posible que hoy elijamos dueños de nuestro destino a quienes hace cinco o diez años condenamos con toda clase de epítetos? Vivimos en una sociedad de espejismos, donde la mayoría, sumergida en necesidades, trabajo, deudas no es capaz de reconocer los grilletes y verdugos que les niegan una vida digna. Maquiavelo afirma que “se alcanza al instante lo que un hombre parece ser, pero no lo que es realmente, y los menos, que son los que juzgan con discernimiento, no se atreven a contradecir a la multitud ilusa”.

El Príncipe”, es un libro recomendable, no para seguir sus consejos, sino porque a través de sus páginas se muestra el verdadero rostro del poder estatal burgués, que se encuentra tras amables caretas maquilladas con términos como separación de poderes, democracia y libertad, carentes de sustancia mientras no sean ejercidos directamente por el conjunto de ciudadanos que se ganan la vida con el esfuerzo de su trabajo.

Luis Calvo Rodríguez.
Publicado en “La Estrella de Panamá”, el 5 de diciembre de 2011.

martes 29 de noviembre de 2011

Puedo borrar el café de las mañanas.

Puedo borrar el café de las mañanas
esparcido en la fisura de mis odios
un reclamo vino tinto de mis derrotas.
Puedo engañarme amablemente
para ver amaneceres de edad inocente
donde sólo queda un arca con sueños rotos.
Pero en la penumbra deseada
teñida de leche y miel
no puedo apartar la continuidad
de unos labios sencillos
que se encuentran negando tristezas
no puedo
en tu olor de tiempo feliz
aceptar las verdades ajenas
de cualquier adiós necesario.

-Luis Calvo Rodríguez, del poemario "Promesas sin cerrojos", Primera Mención de Honor Concurso León A. Soto 2011.

domingo 27 de noviembre de 2011

Democracia y Exclusión.

El mundo esta cambiando, el capitalismo ha demostrado ser un fracaso, la pregonada mano invisible de los mercados tuvo que ser rescata por el Estado y la avaricia de los banqueros fue premiada con los recursos de los contribuyentes, que pagan doblemente la crisis, perdiendo sus empleos, sus derechos laborales, sus pensiones, es decir, un siglo de conquistas sociales.

Por otra parte, el sistema esta dejando ver tras la avalancha de propaganda y control de los grandes medios de comunicación, que existe una incompatibilidad endémica entre el capitalismo y la democracia. Un día el Primer Ministro de Grecia anuncia que las medidas de austeridad (recortes sociales) serán sometidas a un Referendúm, lo que hace que el “mercado entre en pánico”.  Al día siguiente los mercados demuestran quien es el que manda en esta democracia, el Primer Ministro Papandreu se retracta, anuncia que no habrá consulta popular, que el renunciará y que las medidas impopulares serán aplicadas por un nuevo gobierno.

O el caso de los integrantes del movimiento “Occupy Wall Street” que están siendo brutalmente reprimidos en la “tierra de la libertad”, desalojados de parques públicos en nombre de la higiene u otros pretextos nimios, para evitar que sigan siendo una denuncia permanente de que hay algo realmente perverso en este sistema, que premia a quienes roban millones y condena a los trabajadores a pagar la estafa.

América Latina ha evitado por el momento los fuertes impactos de la crisis, pero de extenderse en el tiempo sus efectos en Europa y EE.UU., es probable que los mismos se propaguen a estas tierras.

Pero más allá de lo que indique el P.I.B., en la realidad nacional se cierne una crisis inflacionaria importante que sufren los trabajadores que deben hacer milagros con salarios miserables que son muy inferiores al costo de la vida; a esto se suma el aumento de impuestos a pequeños comerciantes (impresora fiscal) o a los mismos consumidores (7%), todo esto en aras de sostener programas gubernamentales que no van a la raíz de problemas como la pobreza, la exclusión económica, social y jurídica sino que buscan crear y alimentar el clientelismo paternalista.

La crisis capitalista en las grandes potencias y la creciente exclusión social en nuestro país ponen de manifiesto que la democracia representativa, en coyunturas como las actuales, pierde toda su legitimidad popular pues no es posible afirmar que se es legítimo representante ante un pueblo que se ignora.  Se ignora la voluntad, y más aún, los intereses de los pueblos.

La disconformidad e indignación social generada por esta situación de crisis no debe ser canalizada hacia unos partidos, de aparente oposición, que en sus estancias en el poder han contribuido a crear las actuales condiciones de exclusión y miseria.

El pueblo organizado debe plantearse la creación de espacios participativos, de eso se trata la democracia, de participar y decidir, no de delegar nuestro destino a una clase política, económica y social, que sin fisuras ha demostrado que su único objetivo es defender sus propios intereses, lo cual es natural, pero ya es hora de que los trabajadores también empecemos a pensar y actuar por nosotros mismos.

Publicado en "La Estrella de Panamá", el 26 de noviembre de 2011.